Adsense

domingo, 15 de abril de 2018

Argentina entre 1862 y 1939

Linea de tiempo: Argentina 1862 – 1939


Los hechos más destacados

1862: Bartolomé Mitre es elegido premier presidente de la República Argentina.

1863: Se adapta en todo el país el sistema métrico decimal

1865: La Triple Alianza de Argentina, Brasil y Uruguay le declaran la guerra al Paraguay. El conflicto se extiende hacia 1870.

1866: Se funda la sociedad rural argentina.

1869: Sarmiento crea la Academia nacional de ciencias, en Córdoba. El 15, 16 y 17 de septiembre de 1869 se realiza el primer censo nacional y el 48% son extranjeros.

1871: Se desata una epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires.

1872: El diario la República entrega la primera parte de Martin Fierro, de José Hernández.

1877: Se crea el museo de la Plata.

1879: Roca impulsa la Campaña del Desierto, expropia las tierras indígenas y extiende la frontera.

Monumento a un general argentino en el cementerio de la Recoleta. Foto de Elena

1882: El francés Eugenio Terrassón funda el primer frigorífico argentino. Comienza la exportación de carne congelada a Europa.

1884: Se sanciona la ley 1420 promovida por Sarmiento: educación gratuita, laica y obligatoria.

1889: Se inaugura la Exposición Universal de Paris, donde la obra de Florentino Ameghino “Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina” recibe una medalla de oro.

1891: Comienza el registro de huellas dactilares con el sistema creado por Juan Vucetich. El presidente Carlos Pellegrini funda el banco de la Nación Argentina.

1896: Se inaugura el Museo Nacional de Bellas Artes.

1907: Primer vuelo del globo Pampero piloteado por Aarón de Anchorena y Jorge Newbery. El vuelo inaugura la aeronáutica argentina.

1908: Se reinaugura el Teatro Colón con la ópera Aida.

1910: Los festejos del Centenario de la Revolución coinciden con la ola de protestas y huelgas.

1912: Roque Sáenz Peña promueve y dicta la ley de sufragio universal, secreto y obligatorio.

1913: Se inaugura el tramo Plaza de Mayo – Miserere de la línea A del primer subterráneo porteño.

1914: Luis Agote hace la primera transfusión de sangre citada en el mundo.

1917: Gardel interpreta en el Teatro Esmeralda Mi Noche Triste, con letra de Pascual Contursi.

1918: Un movimiento estudiantil que se gesta en la Universidad nacional de Córdoba, obliga a una reforma universitaria.

1919: Hipólito Yrigoyen moviliza al ejército para controlar una huelga que se inicio en los Talleres Metalúrgicos Vasena. El saldo de la semana trágica es de mil muertos.

1920: Un grupo de amigos (Los muchachos del Coliseo: Luis Romero, César Querrico, Enrique Susini, Miguel Mujica) transmite Parsifal, de Wagner, desde la terraza del Teatro Coliseo. Es la primera transmisión de radio del país.

1921: Tienen lugar una serie de fusilamientos de huelguistas en San Julián y Río Gallegos. El suceso luego se conocerá como la Patagonia Rebelde.

1922: Hipólito Yrigoyen crea los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

1924: Nace la revista Martin Fierro, donde escriben Borges, Girondo, Marechal y Guiraldes, entre otros.

1925: Einstein visita la Argentina.

1930: El general José Félix Uriburu derroca a Hipólito Yrigoyen. Es el primer golpe de estado des país.

1931: Se publica el primer número de la revista Sur, fundada por Victoria Ocampo.

1932: Juan Carlos Zabala gana la maratón en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.

1933: Se estrena Tango, dirigida por Luis J. Moglia Barth e interpretada por Libertad Lamarque y Tita Merello. Es la primera película comercial sonora argentina. Se firma el pacto Roca-Runciman. Inglaterra continua comprando carne y se adjudica el monopolio de transportes de Buenos Aires.

1934: Enrique Santos Discépolo compone Cambalache para la película El alma del Bandoneón, que se estrenaría en 1935. Se crea el Parque Nacional Nahuel Huapi, el primero del país.

1936: Carlos Saavedra Lamas obtiene el Premio Nobel de la Paz. Se inaugura el Obelisco.

Viaje a Comitlán

Viaje a Comitlán


por Thomas Gage, Viaje por la Nueva España y la Guatemala, publicado en 1648

El tercer día me despedí de mi anfitrion, quien no quería que me fuese, pero que me condujo hasta Comitlán, donde fui invitado por el prior de este convento, llamado fray Thomas Rocolano, un francés que siendo extranjero para los españoles (no había más aparte de él e yo mismo) buscó mi amistad saliendo al camino para encontrarme.

Esto hizo a mitad de mi camino con muchos indios montados a caballo, habiendo previsto un retiro donde hablamos convenientemente y descansamos mientras nuestro chocolate y otros refrescos nos eran preparados. No poca envidia sintió Peter Martin (como fui más tarde informado en el convento) al verme la gran estima que se me tenía en el país, pero sus buenas palabras y cumplidos con mucho excedieron la sinceridad y sencillez de mi amigo francés.

En Comitlan yo estuve todas una semana, cabalgando con el prior hasta los pueblos indios y descendí de las colinas al valle de Copanabastla, donde disfruté de muchos pasatiempos y distracciones entre los frailes e indios y donde fui festejado a la manera de este país que conoce más la dieta epicúrea que en Inglaterra o en cualquier parte de Europa; es más, estoy persuadido (y lo he oído confesar a los españoles) que España ha aprendido de las Indias, desde la conquista, muchas lecciones para el adorno de varios platos y completar un festín o banquete.

Después de una semana mi amigo el prior francés me condujo a Izquintenango para aprovisionarme para mi subida a las montañas de Cuchumatlanes. Este pueblo (como he observado anteriormente) estaba casi al final del valle de Copanabastle y a dos millas de Cuchamatlanes. Es una de las más finas ciudades indias de la provincia de Chiapa y muy rica, ya que hay mucho tejido de algodón y, debido a su situación, por encontrarse en la carretera de Guatemala, todos los mercaderes del país que comercian con sus mulas pasan a través de esta ciudad y ahí compran y venden enriqueciéndose con dinero y géneros.

Una mesita de piedra en la selva. Foto de Elena

Tiene gran cantidad de frutas, especialmente esa que llaman piña o fruta del pino. Está situada al lado del gran río que corre por Chiapa de los Indios y que tiene su nacimiento no muy lejos de los Cuchumatlanes. Aun así, éste es ancho y profundo aquí. Ningún hombre o bestia que viaja puede salirse o meterse de Guatemala sino navegándolo. Y como el camino es muy utilizado por viajeros y por lo que se llama recuas de mulas (cada recua contiene cincuenta o sesenta mulas) este ferry es utilizado día y noche dejando mucha riqueza a la ciudad a fin de año.

Los indios de la ciudad, además del ferry, han construido otras barcas pequeñas o canoas que suben y bajan por el río. Donde el prior de Coitlan me había llevado fuimos esperados por el vicario o fraile de esa ciudad con el jefe y principal de los indios y casi todas las canoas.

Cuando nos montamos en el ferry las pequeñas canoas nos siguieron con los cantores de la iglesia cantando detrás de nosotros y otros tocando sus tambores y trompetas.

El fraile que vivía en esta ciudad se llamaba fray Jerónimo de Guevara, pequeño de estatura, pero grande en estado, orgullo y vanidad, como se enorgulleció de lo que nos había preparado, tanto en pescado como en carne. Él era profeso de la mendicidad y pobreza, quien en doce años que había vivido en esa ciudad y habiendo dicho misas por los muertos y vivos, engañando y desplumando a los pobres indios, comerciando o traficando con mercaderes que utilizaban esa carretera, había conseguido seis mil ducados que él había enviado a España, a la Corte de Madrid, para negociar con ellos, simoníacamente, el obispado de Chiapas que él todavía no había podido obtener (aunque cuando salí de aquel país parece que los rumores apuntaban hacia su consecución).

Él bien podría, con una segunda remesa, obtener uno mejor. Después de dos días de fiestas él y el prior de Comitlán unieron su poder y su autoridad para verme bien provisto de indios para llegar a los cuchumatlanes. Una mula estaba preparada para llevarme mi ropa de cama (que solíamos llevar usualmente) en arcones de cuero llamados petacas, otro indio para llevar mi petaquilla, donde estaba mi chocolate y todos los enseres para hacerlo, y tres indios más para cabalgar delante y detrás de mí para guiarme.

A ninguno se les pagaría nada (ya que la costumbre de pagarles no debía ser fomentada, en lo cual fui adoctrinado como novicio en ese país), excepto que se les daría una taza de chocolate si lo bebía en el camino o cuando mis viajes terminaran.

Así que me despedí de mi buen amigo francés (que continuó la amistad por frecuentes cartas enviadas a Guatemala) y a mi bajo pero inteligente Guevara, que me aseguró que no tendría ningún entretenimiento hasta bien pasado sobre los cuchumatlanes y llegado a Scapula, que estaba a cuatro días de allí.

La moda en la Argentina en el siglo 19

Vida cotidiana – la moda


¿Cómo fueron cambiando los vestidos de las damas porteñas durante el siglo XIX?


Nunca ajena a los cambios, la moda fue reflejo de los hechos que se sucedieron durante el siglo XIX.

Y entre todas sus manifestaciones, la del vestido femenino resulta la más representativa. En ningún otro momento de la historia éste sufrió tantas modificaciones. Las porteñas no escaparon a este proceso, aunque, como siempre, dieron a los dictados europeos su toque personal. Hay que tener en cuenta que desde los comienzos del Virreinato, en Buenos Aires se usaba, con mucha diferencia de tiempo, la ropa que se traía de España. Y en España se importaba la moda de Francia.

1810

La Revolución Francesa hizo que se buscara la simplicidad y los vestidos semejaban túnicas clásicas. Las porteñas los adoptaron, pero combinados con el abanico, la peineta y la mantilla españoles. Los vestidos tenían cintura alta, falda bastante angosta – de “medio paso” – y gran escote, casi siempre cuadrado. Eran de colores claros y de muselina, seda o linón.

1830

Volvió a aparecer el corsé porque la cintura, ya en su posición natural, se usaba cada vez más estrecha. La falda se fue ensanchando y acortando, hasta dejar el tobillo a la vista, y las mangas adquirieron proporciones exageradas. En la época de Rosas, las damas partidarias usaban el rojo punzó desde el moño del peinado hasta los zapatos.

Una mujer desolada. Foto de Elena

 1850

Después de Caseros, las tertulias porteñas se convirtieron en lujosos bailes. Gracias al desarrollo de tintes artificiales, aparecieron vestidos de llamativos colores y el miriñaque liberó a las damas del uso de las pesada y molestas enaguas de algodón, necesarias para dar volumen a las faldas, que se habían ensanchado.

1860

En esta época, la falda alcanzó sus máximas dimensiones y un vestido podía llevar hasta catorce metros de seda. Dice que por el volumen de las faldas, las damas no podían caminar del brazo de los caballeros. Luego, el miniñaque se fue aplanando en la parte delantera, lo que hizo que hubiera más tela hacia atrás y se formara una cola en el vestido.

1870

Desapareció el miriñaque y el sobrante de tela se fue convirtiendo en un polisón, una especie de almohadilla que se aseguraba sobre la enagua. Abundaban los fruncidos y tableados, y los adornos, como galones y borlas. Los corsés se hicieron cada vez más largos y apretados, al punto de dificultar los movimientos más sencillos.

1890

La paulatina actuación de las mujeres en distintas actividades hizo que los vestidos se fueran haciendo más prácticos. Las faldas eran ajustadas a las caderas y terminaban en una cola, que la dama sostenía graciosamente al costado. Las grandes tiendas eran las regidoras de la moda y comenzó a usarse el traje sastre, apto para toda ocasión.

1910

Eran tiempos de mucha actividad social y gran ostentación y extravagancia. El corsé empujaba el busto hacia adelante y la cadera hacia atrás, creando une peculiar silueta. Esto se veía tanto en los vestidos de noche, que eran muy escotados, como durante el día cuando se usaban cuellos altos y mangas abullonadas. El traje sastre adquirió importancia.

Argentina - María La Grande

Quién fue María La Grande?


María fue una reina tehuelche, la más importante de los caciques de comienzos del siglo XIX. Su poder abarcó desde el sur del continente hasta el Río Negro. Fue llamada La Grande por Luis Vernet, quien la conoció en Península Valdés en 1823, cuando él intentaba cazar caballos salvajes y ella lo obligó a entregar bienes a cambio, porque, le dijo, como se criaban en territorio tehuelche, eran su propiedad.

El marino Fitz Roy también se refirió a ella, puesto que la había tratado en 1827, cuando ella tenía unos 40 años. María estaba en compañía de su marido, un tehuelche muy alto, y algunos de sus cinco hijos. Ella era la única que hablaba español y sabía relacionarse con los extranjeros.

Mientras María vivió no hubo guerras tribales en la región, y cuando murió, en 1840, en toda la Patagonia se encendieron hogueras de homenaje durante tres días.

Calle de los muertos. Cementerio La Recoleta en Buenos Aires. Foto - Elena

Los malones

Angel Della Valle, La vuelta del malon

¿Qué objetivos tenían los malones?


Aunque durante mucho tiempo se mantuvo la idea de que los malones eran simplemente ataques violentos e irracionales de los aborígenes, con saqueos, raptos de mujeres y destrucción de poblaciones, las concepciones más actuales apuntan a considerarlos como una de las formas que podía adoptar el enfrentamiento de aquellos con los blancos. Buscaban evitar un combate abierto y se trataba de una táctica diferente de la que utilizaban en defensa del territorio que ocupaban.

Los malones no eran constantes ni periódicos, y respondían a distintos objetivos, como robar ganado para cubrir las necesidades de subsistencia, tomar represalias por pactos no cumplidos o forzar a una posterior negociación.

Al mismo tiempo servían para consolidar la posición de liderazgo de algunos jefes, quienes, muchas veces, para realizarlos debían recurrir a las alianzas, aunque fueran temporales – y favorecer el intercambio comercial entre las tribus.



Cacao y chocolate

Cacao y chocolate Por Thomas Gage (Viajes por Nueva España y Guatemala) Hoy en día el chocolate es usado no sólo en todas las Indi...