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jueves, 12 de abril de 2018

Episodios de la historia de la Argentina

Episodios de la historia de la Argentina


¿A qué batalla recuerda el nombre de la porteña calle Florida?


La batalla de La Florida, librada en Santa Cruz, Bolivia, en 1814, en los márgenes del río Piraí, casi termina con la vida del prócer Antonio Álvarez de Arenales. Los bandos estaban al mando de José Joaquín Blanco (realista) y José Manuel Mercado (vanguardia patriota), alias “El Colorado”.

En la madrugada del 25 de mayo de 1814, Blanco atacó a las avanzadas de Mercado, que retrocedieron, tal como habían pensado, para incorporarse a la caballería de Warnes. No sin dificultades, Blanco intentó trasponer el río. Mientras tanto, Arenales ordenaba el contrataque con bayoneta y Warnes se lanzaba a un ataque furioso. Derrotadas las fuerzas de Blanco, retrocedieron hasta el pueblo para ofrecer resistencia. Warnes, que tenía sus asuntos pendientes con Blanco, lo retó al duelo. Montados en sus caballos, lucharon con la virulencia de los tiempos medievales. Blanco cayó muerto. Arenales, por su parte, enfrentó a solas lo quedaba de la caballería realista. Aunque mató con su espada a tres de ellos, fue dado por muerto con catorce heridas de lanza. Su cara despedazada y su cuerpo partido le valieron el apodo de “El Hachado”. Nadie creía que sobreviviría, pero gracias a los cuidados del médico y capellán, fray Justo Sarmiento, logró sobreponerse. Una cruenta batalla había sido ganada y el gobierno de Posadas dispuso que, en su honor, la famosa calle céntrica de la ciudad llevaría el nombre de Florida.

¿Qué ocurría en las fronteras en blancos y aborígenes?


Durante la segunda mitad del siglo XVIII, había vastas regiones de lo que sería la Argentina, que aún permanecían en poder de las poblaciones originarias, fuera de la jurisdicción de los colonizadores. Y las zonas fronterizas desarrollaron particulares formas de vida: aunque en ellas existían tiempos violentos, cuando estos pasaban, y se relajaban las tensiones, se convertían en espacios de interacción comercial entre las distintas culturas. Los fortines, más que lugares de separación, eran con frecuencia los ejes sobre los cuales se generaba el intercambio. Es que el comercio convenía a ambas sociedades y era intenso. La documentación de la época muestra que era habitual que pequeñas partidas de aborígenes llegaran a los poblados blancos a intercambiar sus mercaderías y que los mercaderes lo hicieran en las tolderías. Así, aquellos ofrecían cueros, artículos de talabartería, tejidos, plumas de avestruz y sal, y estos, objetos de hierro, telas livianas, azúcar y aguardiente. Las relaciones entre ambas sociedades adquirieron un carácter más aguerrido y conflictivo a medida que fue creciendo la competencia por las tierras y el ganado, especialmente, a partir de la década de 1820.
Patagones y aucas. Litografía de D’Orbigny y Lasalle.

¿Cómo eran las pulperías?


Eran el lugar de encuentro e intercambio por excelencia, no solamente par los criollos, sino también de indios y esclavos libertos. Además de ser almacenes de ramos generales, esos establecimientos tenían despacho de bebidas, donde los hombres se entretenían jugando a la taba, al sapo y a los naipes. Además, contaban con espacios destinados a las cuadreras, o carreras de caballo, a las riñas de gallos y al juego del pato. Allí, además, funcionaba el cambalache, el decir, el intercambio cotidiano de mercancías entre indios y blancos, del cual el pulpero obtenía no pocos beneficios.
 
Carlos Morel, Payada en una pulperia. Óleo sobre tela, Museo Nacional de Bellas Artes
 

¿Qué eran los saladeros?


Eran establecimientos donde se elaboraba el tasajo o charqui, es decir, trozos de carne secada y conservada con sal, con la que se alimentaban principalmente los esclavos. Esta técnica se utilizaba ya en la colonia, como forma de aprovechar algo más de los animales sacrificados, aunque cuando la sal se importaba de España, no era un proceso rentable. Luego de los episodios de Mayo, cuando ya se podía asegurar el abastecimiento de sal des las Salinas Grandes, las medidas de la Junta fomentaron la exportación de tasajo a las regiones que tenían mayoría de mano de obra esclava. Entonces, los ganaderos encontraron así nuevas posibilidades comerciales e industriales. Allí se instalaban mataderos y saladeros que, paulatinamente, fueron incorporando nuevas técnicas en la faena y el aprovechamiento de los animales. Los principales aportes en este sentido provinieron del químico francés Antonio Cambaceres, que se radicó en Buenos Aires en 1829 Las exportaciones pasaron de 87 mil quintales de tasajo, en 1822, a casi 180 mil, en 1837, y más de 500 mil, a mediados del siglo. La industria fue declinando en función del ocaso del mercado esclavista.

Carlos Enrique Pellegrini, el Saladero, aquarela

miércoles, 11 de abril de 2018

Historia de la Argentina (episodios)

Historia de la Argentina (episodios)


¿Quién fue la creadora de la bandera?


El 19 de febrero de 1812, Manuel Belgrano se asomó al pequeño poblado Villa del Rosario sin saber, por aquellos días, que estaría convirtiendo a ese sitio en la ciudad patriótica por excelencia. Dada la aceptación que tuvo su escarapela azul-celeste y blanca en el Triunvirato, decidió hacer una bandera representativa de la Provincias Unidas del Río de la Plata. Entonces, se acercó hasta la casa de su amigo Vicente Anastasio Echeverría, el único rosarino que estuvo en el Cabildo Abierto de 1810, para comentarle la idea. Allí se encontraba su hermana, María Catalina Echeverría de Vidal, quien no dudó en ofrecerse a confeccionar el símbolo patrio. Se cree que estaba compuesta por dos franjas: una blanca y otra celeste, sin otro agregado, cumpliendo así con el sueño de Belgrano.

Flameó por primera vez el 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná. Más tarde, Catalina se mudaría a San Lorenzo, a una casa cercana al histórico Convento de San Carlos, donde descansan sus restos, desde el 18 de julio de 1866.

¿Cuál era el lugar que recibía a “mujeres en penitencia”?


La Casa de ejercicios Espirituales, inaugurada en 1799 en las actuales avenidas Independencia y Lima, que hoy es el edificio mejor conservado entre los más antiguos de Buenos Aires. En aquellos tiempos, tenía une función primaria: era el lugar donde iban a parar no sólo las hijas descarriadas, sino también las esposas, cuyos maridos las acusaban por cualquier motivo, desde infidelidad hasta problemas de convivencia.

 Allí mandaron a Mariquita Sánchez sus desesperados padres – en 1801 -, con la ilusión de que se le pasara la fiebre de amor hacia su primo Martín Thompson. Estéril esfuerzo. Tiempo después, el virrey Sobremonte aprobó el pedido de la damita en pos de su amor y reputación.

Fuerte de Buenos Aires, acuarela de Emerc Essex Vidal

Una de las esposas de los miembros de la Primera Junta estaba embarazada. ¿De quién se trataba?

Para el 25 de mayo de 1810, Saturnina Otárola, segunda mujer de Cornelio Saavedra, estaba embarazada de siete meses. La enemistad de su marido con Mariano Moreno se hizo extensiva entre esposas, tanto que no tardó en difundirse el mote de “gata flaca” impuesto por Guadalupe Cuenca de Moreno hacia la parturienta. La guerra estaba declarada. Sin embargo, hubo un hecho que desconcertó a los charlatanes de la época. El 15 de agosto nacía Mariano Saavedra. ¿El nombre del enemigo a un hijo? ¿Sus padres habrían enloquecido? Nada de eso. Es que ese día, el cristianismo celebra la Asunción de la Virgen María, y era común que al pequeño se lo bautizara con el nombre María o Mariano. No sabemos si les habrá gustado la idea, pero que la tradición fue cumplida, seguro.

¿Qué edificación se levantaba donde hoy está situada la Casa de gobierno?


Fue Juan de Caray quien echó los cimientos del primer Fuerte. Utilizado por las autoridades coloniales hasta 1810, y por los patriotas (salvo durante el gobierno de Rosas), el Fuerte de Don Juan Baltazar de Austria o real Fortaleza de San Juan sirvió para defensa de ataques de piratas y posibles invasiones portuguesas. Era un reducto de líneas simples, casi cuadrado, rodeado por una muralla de defensa, con cuatro bastiones y un foso inundable. En 1867, un par de incendios dejó el edificio en muy malas condiciones. Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1811-1888), intentaron remozarlo, rodeando de jardines y pintando su fachada de rosa, color que le dio la fama de Casa Rosada.

En 1882, Julio A. Roca (1843-1914) demolió la primitiva Casa y, con ésta, el último recuerdo del Fuerte. Allí mismo, sin embargo, mandó construir el definitivo Palacio del Gobierno (esquina de Balcarce y Rivadavia), de estructura similar al vecino Palacio de Correos. Ambos edificios se unieron en 1886 mediante el pórtico que actualmente es la entrada a la Casa Rosada. En 1941, fue declarada Monumento Histórico. Hoy, en su Museo pueden observarse algunos muros y una tronera que alguna vez supo ser del Fuerte.

Calle de la Catedral, acuarela de Carlos Enrique Pellegrini

¿En qué año se inició la construcción de la catedral de Buenos Aires?


Grietas, derrumbes, deterioros, falta de dinero signaron lo que también sería declarado Monumento Histórico, esta vez, en 1942. Desde que el obispo Fray Alonso Guerra inició la construcción de la primera capilla en 1585, cinco fueron las catedrales que nacieron, siempre en el mismo terreno. Varias de ellas terminaron, literalmente, desplomadas. A partir de 1770 se sucedieron sólo demoliciones parciales: las grietas en la cúpula hacían que la iglesia “llorara” por todas partes; más tarde, el pórtico no concordaba con las proporciones del edificio, ni las torres coincidían con el estilo del tempo. Finalmente, fue consagrada en 1804, por el último obispo de la era hispánica, Don Benito de Lué y Riega, quien le agregó el frontis y las torres. Frente a la Plaza de Mayo, en la calle Rivadavia esquina San Martín, nuestra hoy sólida Catedral Metropolitana conserva los restos del General don José de San Martín (1778 – 1850).


lunes, 9 de abril de 2018

Misceláneas de la Revolución argentina

Misceláneas de la Revolución argentina


¿Quién le ofreció un submarino a la Junta Grande?


Samuel William Taber tenía 30 años, provenía de una familia acomodada estadounidense y era muy creativo. Había llegado a Montevideo en diciembre de 1810 con aspiraciones de comerciante, pero la cause emancipadora lo hizo reflexionar. Él sería alguien muy útil del otro lado del Río de la Plata.

Consiguió una entrevista con miembros de la Junta Grande y allí mismo desplegó los planos de un submarino que había ideado y que serviría para atacar a la flota realista.

Era parecido a una tortuga marina, de madera, con un taladro en su proa para perforar el casco de los buques enemigos y colocarles explosivos. Taber se tenía fe, tanta que costeó los gastos del proyecto.

Con el diseño en marcha, viajó a Montevideo como espía para estudiar el poderío naval realista.

Acusado de sobornar a marinos españoles marchó preso. Lo liberaron dos meses después, y lo obligaron a volver a su país. Tarde para desechar sus ideales, bajó en Río de Janeiro y regresó ansioso para contar su plan a los miembros de la Junta: atacaría con su tortuga marina una fragata y un bergantín españoles usados como depósito de pólvora y amarrados en el puerto de Montevideo. Se trasladó a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento, ya que el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires hacía imposible sumergir el aparato.

Ensenada era el destino, pero las partes nunca llegaron. Antes cayó la Junta Grande, y a los miembros del Primer Triunvirato, la idea del ataque les pareció arriesgada. Taber murió en una estancia de Buenos Aires en 1813, y legó todos sus bienes a la Junta Revolucionaria. De los planos y las partes del submarino nada se sabe. Como si se los hubiera tragado el agua.

¿Quién fue Trinidad Guevara?


Fue la actriz más admirada del Río de la Plata a comienzos del siglo XIX. Nació en 1798 en Montevideo, donde debutó como actriz a los 13 años. A los 19, ya era la favorita del público porteños por sus actuaciones en el Coliseo. Sin embargo, por su condición de madre soltera debió enfrentar no pocos agravios. Y en 1821, fue protagonista de un episodio del que dio cuenta toda la ciudad el padre Francisco Castañeda publicó una nota en su periódico El Despertador Teofilantrópico Místico político, en la cual la tildó de “cloaca de vicios e inmundicias”, porque en una representación, la actriz llevaba en el cuello un camafeo con el retrato de su amante.

Aunque el clérigo omitió mencionar su nombre, todo Buenos Aires sabía que se trataba de un hombre casado, Manuel Bonifacio Gallardo, abogado, político y  dueño de un periódico. Ella respondió a la afrenta mediante un volante y, durante varios días, los entredichos continuaron. Éstos se acallaron cuando la actriz reapareció en el teatro, luego de una breve interrupción en su trabajo, y fue aclamada por el público.

¿Qué técnica marcó el progreso en las artes gráficas argentinas?


La litografía, desarrollada por Luis Senfelder en 1796. En la segunda década del siglo XIX, algunos litógrafos europeos instalaron en Buenos Aires sus talleres de impresión de grabados con este adelanto tecnológico. Entre ellos se destacaron el francés Juan Bautista Douville, que en 1827 reprodujo la efigie del almirante Guillermo Brown con tanto éxito que tuvo que hacer una segunda tirada, y el ginebrino César Hipólito Bacle, en cuyo taller llegaron a trabajar una treintena de operarios. La técnica de la litografía fue utilizada por numerosos pintores de la época, algunos de ellos de renombre como artistas de pincel.

Juan Facundo Quiroga en 1831, según una litografía de César Hipólito Bacle

  ¿Qué música clásica se interpretaba y se escuchaba?

 
En la última etapa colonial, en las tertulias se interpretaban partituras de autores clásicos de la época, como Haydn o Boccherini, - ejecutadas con clave o clavecín con acompañamiento de arpa, violín y flauta, y también valses y minués. Luego comenzó a utilizarse el piano y, a comienzos del siglo siguiente, el maestro de música se transformó en un personaje habitual en las familias pudientes, ya que las niñas estaban obligadas a saberlo interpretar, tuvieran o no vocación para ello.

En 1822 se creó la Escuela de Música y Canto de Juan Pedro Esnaola, entonces el más destacado compositor porteño. A sus clases, de costo de un cinco pesos por alumno, comenzaron a concurrir los jóvenes y las señoritas; ellas, a las 11 de la mañana y ellos, a los 5 de la tarde.

Fragmentos de la historia de la Argentina

Fragmentos de la historia de la Argentina

 

 ¿Había navegación de vapor en Buenos Aires?


El primer viaje de un barco de vapor por el Río de la Plata lo realizó el Druid en 1825. Zarpó de Buenos Aires a las once de la mañana con unos cuarenta pasajeros, entre los que se contaban autoridades políticas, comerciantes ingleses y parte de la elite porteña, mientras era despedido por una multitud. Tres de los ingleses, qua ya habían navegado en barcos de vapor en Europa, daban ánimo a las señoras. La navegación fue hasta San Isidro y demandó más tiempo de lo calculado, porque hubo viento y corriente en contra. Por estos motivos, luego de anclar por pocas horas, se emprendió el regreso para llegar al puerto de Buenos Aires a las nueve de la noche. Según la crónica aparecida en el Argos de Buenos Aires, el éxito de este primer viaje fue total. El precio del pasaje de ida y vuelta fue de cinco pesos, que no parecía muy alto dada la importante inversión, pero argumentaba la crónica, un precio menor aumentaría la demanda y contribuiría al acercamiento entre los pueblos.

¿Cómo se veía el cielo del 25 de mayo de 1810?


El 25 de mayo de 1810 fue un día lluvioso. La lluvia también se prolongó durante la noche hasta tal punto que para iluminar la ciudad se tuvieron que abrir las puertas y las ventanas de las casas, y encender candelabros en los zaguanes y habitaciones. No obstante, por encima de aquella capa de nubes, había un cielo estrellado, que hacia el atardecer mostraba a Mercurio y a Venus yéndose por el Oeste. Por el Este, salía Saturno, debajo de Escorpio, para adueñarse de un protagonismo a lo largo de casi toda la noche, que sería re-emplazado, aunque parcialmente, por una Luna menguante aparecida alrededor de la 1:30 de la madrugada en la constelación de Piscis. Ese año tuvo lugar un eclipse de Luna, visible de forma parcial desde Buenos Aires. Fue el 28 de septiembre y duró unas dos horas y media.

Si bien por estas latitudes el estudio del cielo con instrumentos se inició formalmente en 1871 con Sarmiento y la creación del Observatorio Astronómico Nacional, ya en 1740 el jesuita Buenaventura Suárez, considerado el primer astrónomo argentino, escribió un Lunario con pronósticos para el siguiente siglo, que luego fueron confirmados. Por ejemplo, en el eclipse observado en 1816 por Vicente López y Planes y Bartolomé Muñoz. En 1822, con la creación de la Sociedad de Ciencias Físicas y Matemáticas, se incrementaron las observaciones y se planteó la necesidad de establecer un observatorio que permitiera realizar cálculos astronómicos con exactitud, para así determinar “el primer meridiano que debe servir de término de comparación para la geografía del país”. Ese año, también se describió un eclipse de Luna, observado el 2 de agosto en la plazuela de Santo Domingo por “tres observadores con anteojos acromáticos y un sextante de metal, de Lenoir”. Felipe Senillosa y Manuel Moreno, entre otros, fueron estudiosos de estos fenómenos.

Monumento de Garibaldi en Buenos Aires. Foto de Elena

¿Cuáles eran los lugares de reunión?


Para pasear, la Alameda, y para conversar, los cafés. La Alameda se extendía unas tres cuadras por la ribera del Río al norte del Fuerte. En 1804, se limpió el lugar, se plantaron sauces, ombúes et naranjos, y se instalaron bancos y faroles. A partir de entonces, se convirtió en el paseo obligado. Los cafés, por su parte, eran los espacios donde se discutían los sucesos del día, circulaban los rumores, se concretaban amistades y se planeaban conquistas amorosas. El café de Marco – también llamado de Mallcos – tenía dos billares, lo que le daba categoría y atraía a los jóvenes, y en el de los Catalanes, los artistas anunciaban sus funciones.
Posteriormente, aparecieron el de la Comedia que también ofrecía buena comida y hasta el servicio de “envío a domicilio” (proporcionó la última cena a los condenados por el Motín de las Trenzas) y el de la Victoria que fue centro de reunión de gente mayor y adinerada.

¿A quién se denominó la Madre de la Patria?


A María Remedios del Valle, una guerrera – otra más – a la que el reconocimiento le dio la espalda. Era el año 1827, cuando el general Juan José Viamonte la reconoció en la puerta de una iglesia. No tardó en recordar su pasado: había combatido a los realistas como pocas, curó a decenas de soldados, fue valorada por su bravura en la guerra y por su abnegación en las marchas y los campamentos. Para los soldados patriotas era la Tía María. Para los oficiales, la Madre de la Patria. Pero en el momento en el que Viamonte la re-encontró, tan solo era una mendiga que intentaba sobrevivir.
Terminada la Guerra de la Independencia, con su marido y dos hijos muertos en el campo de batalla y un cuerpo doblegado por los castigos y las heridas, no tenía otro recurso. Nunca consiguió una pensión. Viamonte tardó cinco meses en que lo escucharan. Varios legisladores decían que de los excombatientes debía encargarse la Nación y no la provincia de Buenos Aires. Pero la insistencia de Viamonte logró conmover. Prometieron una biografía y un monumento a la Tía María, algo que jamás ocurrió. María recibió algunos sueldos que ayudaron a paliar su indigencia, pero no pagaron la vergüenza de este olvido.

¿Quiénes fueron las damas que donaron armas?


Algunas fiestas de compromiso fueron más originales que otras. Basta con recordar la de Angelita Castelli, celebrada la noche anterior a dar el sí a su prometido, Francisco Xavier de Igarzábal. El lugar elegido para la celebración había sido la casa de su queridísima aliada Remedios de Escalada. Allí, algo más de una decena de amigas decidieron pagar fusiles que estaban demorados en la Aduana porque el Gobierno no contaba con el dinero para retirarlos. Con minucia femenina cada fusil llevó una chapita que rezaba “yo armé el brazo de este valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad”, junto al nombre de la donante. Entre las contribuyentes estaban Tomasa de la Quintana (en adelante, suegra de San Martín), Remedios de Escalada (entonces, novia de San Martín), María Eugenia de Escalada (espose de José de María), Nieves de Escalada (futura señora de Oromi), María de la Quintana (soltera y prima de las jóvenes Escalada), Ramona Esquivel y Aldao (mujer de Juan Boqui), Petrona Cárdenas (casada con un hermanastro de Saavedra), la célebre Mariquita Sánchez de Thompson, y, por supuesto, la novia.

Argentina - Episodios históricos

Episodios históricos

 

¿Qué condiciones de vida tenían los esclavos en la ciudad?


Según algunos viajeros, los esclavos de Buenos Aires – la mayoría pertenecía a la familia étnica y lingüística Bantú – vivían en condiciones mucho mejores que en otras regiones de América, ya que se los empleaba, principalmente, para tareas domésticas y artesanales. Se decía, incluso, que las criadas y criados de los jóvenes parecían amigos de éstos, porque compartían todas sus actividades sociales.

Pero no hay que olvidar que eran esclavos y se vendían por 300 pesos. Tampoco, que una de las causas más frecuentes de hospitalización era por los castigos infringidos por sus amos y que las mujeres estaban disponibles sexualmente para ellos, sus hijos y parientes. Las africanas tenían fama de ser buenas amantes y con estas relaciones podían obtener un mejor trato, tanto para ellas como para los hijos que nacían de estos encuentros.

En 1813 se promulgó la libertad de vientres, que implicaba que los nacidos a partir del años siguiente era libertos, es decir que obtenían la libertad luego de pasada su infancia. Hasta entonces, eran cuidados por los amos de las madres y después debían valerse por sí mismos para subsistir, en medio de los prejuicios raciales existentes. Esto les convirtió en una población sumamente vulnerable.

¿Cómo eran los romances?


Aunque España impuso en las colonias une fuerte moral puritana, en Buenos Aires ésta era un poco más blanda. Y en los años de la Revolución, los ideales de libertad llevaron a los jóvenes a no aceptar, por ejemplo, los casamientos impuestos por los padres. Ésta era una costumbre habitual y en los contratos entre las familias se ignoraba por completo el deseo de los contrayentes, especialmente el de las mujeres. Sin embargo, en los registros de la época, se constatan los primeros juicios por disenso, entre los que se encuentra el que Mariquita Sánchez inició a sus padres cuando contaba con sólo 14 años para evitar el casamiento que ellos querían imponerle.

La flor de Buenos Aires. Foto de Elena

 También se asientan demandas de mujeres que habían “perdido el honor” bajo la promesa de un casamiento que después no se cumplió. Y otro aspecto en que influyó la Revolución en los amores se dio en las luchas por la Independencia, durante las cuales las parejas permanecían separadas por períodos prolongados. Era frecuente que ellos, en campaña, recurrieran a la promiscuidad con mujeres ocasionales, y ellas, mientras tanto, encontraban a alguien con quien compartir su soledad.

¿Hubo Montescos y Capuletos del Rîo de la Plata?


Francisco Xavier de Igarzábal, amigo y edecán de Saavedra, se enamoró de Angelita, hija del vocal de la Primera Junta Juan José Castelli, tanto o más morenista que el propio Moreno. Castelli comandaba el Ejercito del Norte en el Alto Perú cuando los jóvenes decidieron casarse. Igarzábal mantenía una buena relación con su familia política, pero la derrota de Huaqui tuvo su efecto colateral. De regreso, Castelle tuvo que dar explicaciones sobre su conducta y en prisión se enteró de los planes matrimoniales de la pareja. Sin dudarlo un instante y sintiendo como hierro caliente la traición de su hija, se opuso a la idea del saavedrista en la familia. Los novios se casaron igual. Furioso, el prócer escribió al Triunvirato desde su celda. Encerraron a Angelita en un convento y desterraron a Francisco, además de darle la baja en el ejército. Pero nadie contaba con la ayuda de su amiga Remedios de  Escalada, hija del influyente Don Antonio. Angelita vivió bajo la custodia de esta familia, el novio volvió a Buenos Aires y en 1812, Catedral mediante, dieron el sí. Fue un final feliz para los que se amaron a pesar de las barreras.

¿Entre las tradiciones patriotas del Norte figura La Emparedada, quién fue?


Se trata de la jujeña Juana Moro, una de las integrantes de la red de espías para el General Güemes. Su atractivo y fuerte personalidad fueron las principales herramientas que la ayudaron a extraer información entre los oficiales realistas. Para lograr sus objetivos llegó a seducir a oficiales del bando opuesto y hasta a disfrazarse de colla y de vendedora de pasteles, entre otras astucias. Tenía 29 años y corría 1814 cuando fue emparedada, esto es: encerrada en su casa con las aberturas tapiadas para que muriera de hambre y sed. Una vecina entusiasta de los realistas, apiadándose de ella, la rescató. Murió casi centenaria.

¿Qué historia encierran las cartas de Guadalupe Cuenca?


Tenía 24 años cuando su marido, Mariano Moreno, se embarcó rumbo a Europa en misión diplomática. Apenas unos días más tarde, María Guadalupe recibió una encomienda con un abanico negro, un velo, guantes de luto y una nota que anunciaba su viudez. Conocedora de los enemigos de Moreno, no le dio importancia al mensaje. Pero lo cierto es que Guadalupe Cuenca inició una saga epistolar que duraría nueve semanas y media, sin saber que su amado había dejado este mundo. “No tengo día más bien empleado que el día que paso escribiéndote”, confesaba en una de sus siete cartas. En ellas reflejó, con algunas expresiones empalagosas y varios errores ortográficos, el pesar que le producía su falta. El prócer murió el 4 de marzo de 1811 a los 31 años, casi con seguridad envenenado, dos días antes de que Guadalupe le enviara la primera carta. En uno de los mensajes le recuerda a su Moreno que tiene una mujer fiel esperándolo. La misma fidelidad que mantuvo durante los 43 años que lo sobrevivió.

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