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jueves, 12 de abril de 2018

Historias argentinas

Historias argentinas


¿Cuáles han sido algunos de los acontecimientos que tuvieron como escenario a la plaza de Mayo?


La Plaza de Mayo fue escenario de la revolución que dio lugar al nacimiento de la nueva nación.

La Plaza se encuentra hoy donde estuvo siempre, sólo que ahora, a la zona se la conoce como microcentro. La Plaza sufrió achiques y agrandamientos, pero siempre fue la principal contención de la vida ciudadana. En 1803, comenzó la construcción de la Recova, edificio responsable de dividir a la Plaza en mitades iguales. Frente al Cabildo estaba la Plaza Grande, llamada de la Victoria después de las invasiones inglesas. La otra, frente a la Casa de Gobierno, se llamó Plaza del Fuerte y de Armas, y también la Plaza del Mercado… Y más tarde, Plaza 25 de Mayo, nombre que quedó desde que Alvear demolió la Recova, en 1884. Los hechos más trascendentes de la Historia Argentina han transitado por estas esquinas. Allí culminaron la Reconquista y la Defensa de la ciudad, frente a los ingleses, en 1806 y 1807. También se convirtió en el escenario de la Revolución de Mayo de 1810, donde el pueblo de Buenos Aires juró la Independencia de la Patria en 1816 y de la Constitución Nacional, en 1860.

¿A qué se conoció como el hueco de las ánimas y dónde estaría hoy?


El espacio que actualmente ocupa el Banco Nación, esto es, la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia, es una porción de tierra cargada de anécdotas. Podríamos decir que fue el terreno de los “primeros”: primera iglesia fundada por Juan de Garay (1527-1583), primer cementerio y primer baldío de la ciudad, conocido como hueco de las Ánimas. Más tarde, se convirtió en los subsuelos del primer Teatro Colón, donde se almacenaban toneladas de hielo (de allí salieron los primeros helados, en 1856). El primer piso, mientras tanto, se convirtió en la sede de la masonería. En ese mismo lugar, se levantó el Hotel Argentino, el mejor de la época y que pasó al recuerdo por haber tenido entre sus huéspedes al escritor José Hernández, quién terminó de escribir, allí mismo, la primera parte del poema nacional El gaucho Martín Fierro, en el año 1872. Lo que se conoció como el Hueco está ocupado hoy por la Caja del Tesoro Nacional del Banco de la Nación.

¿Dónde estaba ubicado el primer teatro Colón?


El primer teatro Colón fue erigido en la manzana que ocupa en la actualidad el Banco Nación, frente a la Plaza de Mayo, funcionó entre 1857 y 1888. Tenía intenciones de llamarse Coliseo Grande y su construcción, iniciada en 1804, también se vio dilatada por acontecimientos varios: segunda invasión inglesa (1807), muerte del arquitecto, un incendio y disenso político. Sin llegar a ser lo que debía, hizo las veces de cuartel de “candeleros” encargados de encender los faroles de la ciudad. Fue el ingeniero Carlos Pellegrini quien le dio el nombre de Teatro Cristóbal Colón. Tenía capacidad para 2.500 personas y 470 asientos de caoba. Fue abierto al público el 24 de abril de 1857 con la ópera La Traviata. Pero las condiciones de seguridad no eran las mejores y la falta de ventilación, el peligro de incendio y las malas condiciones sanitarias hicieron que, en 1888, las puertas se cerraron definitivamente. En la actual manzana compuesta por las calles Viamonte, Cerrito, Tucumán y Libertad, el Colón que conocemos hoy se reinauguraría el 25 de mayo de 1908 con la ópera Aída.

Cazuela del Teatro Colón, acuarela de Juan León Pallière

 ¿En qué se inspiró de Santa Coloma, el escritor del Monumento a Belgrano?


Apenas existían cuatro monumentos en Buenos Aires cuando se decidió llevar a cabo el correspondiente a Manuel Belgrano (1770-1820). Para eso se nombraron a dos escultores radicados en París: Albert Carrier Blleuse, un francés que se encargó de la figura del prócer, y el argentino Manuel de Santa Coloma, un exquisito escultor de fornidos caballos. Lo curioso es que la verdad sea dicha, se trataba de un argentino virtual. Es que Santa Coloma quien había nacido en Burdeos en 1826, adoptó la ciudadanía de nuestro país por tener un padre oriundo de estos pagos y nada más. No se conoce registro de su estadía en suelo porteño. Por ende, lo que ni vio lo imaginó. Y fue así como creó un magnífico corcel griego muy del estilo neoclásico de aquel tiempo, pero que poco y nada tenía que ver con los caballos criollos que montabas Belgrano en su época militar. La estatua ecuestre se inauguró en septiembre de 1873. Estaba unos 15 metros más al centre de la Plaza de Mayo y con su dedo, el General apuntaba hacia el Cabildo. Más tarde, la acercaron a la Casa Rosada y la giraron noventa grados. No será el reflejo del caballo criollo, pero sí el símbolo de una ecléctica Buenos Aires

Recurdos historicas

Recurdos historicas argentinos


¿Cómo vieron los pintores extranjeros la época?


Fueron los pintores extranjeros quienes, principalmente, reflejaron la sociedad argentina y los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XIX. Aunque también hubo expresiones artísticas locales respecto de esta época, éstas estaban marcadas por la influencia de la ilustración imperante en Europa y, como forma de contrarrestar la influencia hispánica, dejaban a un lado la temática religiosa para dar paso a las escenas de costumbres.

Por eso vale la pena conocer, aunque sea superficialmente, la obra de estos viajeros. Emeric Essex Vidal fue un marino y acuarelista inglés que visitó Buenos Aires en 1816 y regresó en 1829, para recorrer, también, parte del país. Sus obras son un registro notable en lo relativo al ambiente e indumentaria de aquel momento.

Por esos años llegó a Buenos Aires, el ingeniero, arquitecto, retratista y litógrafo francés Carlos Enrique Pellegrini, contratado para hacerse cargo de varias obras públicas.

Al margen de estos trabajos, desplegó un gran talento de dibujante y pintor, y, además de convertirse en el retratista de moda de la década de 1830, pintó, con minuciosidad, lugares y escenas de la ciudad y el campo. Fue el padre de Carlos Enrique José Pellegrini, Presidente de la República argentina en 1890.

Otros artistas europeos que mostraron la cultura argentina fueron el naturalista y excelente dibujante y pintor francés Alcides Dessalines d’Orbigny; Mariano Rugendas, austríaco, que legó a la sociedad más de tres mil obras de sus viajes; el francés Juan Felipe Goulu y el suco José Guth.

¿Quiénes fueron los principales naturalistas?


El naturalista criollo más distinguido de la época fue, sin dudas, el presbítero uruguayo Dámaso Larrañaga, quien realizó sus estudios en Buenos Aires y Córdoba, y luego de eso mantuvo estrecha relación con otros dos grandes investigadores de la naturaleza, también clérigos: Bartolomé Muñoz, un español primo de Tomás Guido que se encontraba en el Río de la Plata durante los sucesos de 1810 y, desde entonces, abrazó la causa revolucionaria, y Saturnino Segurola, autor de numerosos textos sobre el tema.

Hubo otro trío de naturalistas destacables, viajeros europeos que,  casi en forma sucesiva, recorrieron el territorio argentino y realizaron importantes observaciones: el español Félix de Azara, que permaneció más de dos décadas, el austrohúngaro Tadeo Henke, integrante de la expedición de Alejandro Malaespina, en 1789, y Amadeo Bonpland, que llegó al Río de la Plata en 1817.


El capitán de navio Félix de Azara, retratado por Francisco de Goya

¿Había algún museo de ciencias?


En 1812, el Primer Triunvirato invitó a las provincias a que hicieran acopio de material de los reinos mineral, vegetal y animal de cada región para fundar un museo que los reuniera y conservara. La convocatoria, de una clara concepción centralista, no tuvo aceptación en las provincias y sólo en 1814, llegó la primera donación, por parte des presbítero Bartolomé Muñoz. Se trataba de una colección de crustáceos, muestras minerales, instrumental y una gran cantidad de ilustraciones de fauna y flora autóctona. Los objetos permanecieron en la Biblioteca Pública hasta 1826, cuando el Museo Público – antecedente del actual Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia - tuvo espacio propio en las celdas altas del convento de Santo Domingo.

Episodios de la historia de la Argentina

Episodios de la historia de la Argentina


¿A qué batalla recuerda el nombre de la porteña calle Florida?


La batalla de La Florida, librada en Santa Cruz, Bolivia, en 1814, en los márgenes del río Piraí, casi termina con la vida del prócer Antonio Álvarez de Arenales. Los bandos estaban al mando de José Joaquín Blanco (realista) y José Manuel Mercado (vanguardia patriota), alias “El Colorado”.

En la madrugada del 25 de mayo de 1814, Blanco atacó a las avanzadas de Mercado, que retrocedieron, tal como habían pensado, para incorporarse a la caballería de Warnes. No sin dificultades, Blanco intentó trasponer el río. Mientras tanto, Arenales ordenaba el contrataque con bayoneta y Warnes se lanzaba a un ataque furioso. Derrotadas las fuerzas de Blanco, retrocedieron hasta el pueblo para ofrecer resistencia. Warnes, que tenía sus asuntos pendientes con Blanco, lo retó al duelo. Montados en sus caballos, lucharon con la virulencia de los tiempos medievales. Blanco cayó muerto. Arenales, por su parte, enfrentó a solas lo quedaba de la caballería realista. Aunque mató con su espada a tres de ellos, fue dado por muerto con catorce heridas de lanza. Su cara despedazada y su cuerpo partido le valieron el apodo de “El Hachado”. Nadie creía que sobreviviría, pero gracias a los cuidados del médico y capellán, fray Justo Sarmiento, logró sobreponerse. Una cruenta batalla había sido ganada y el gobierno de Posadas dispuso que, en su honor, la famosa calle céntrica de la ciudad llevaría el nombre de Florida.

¿Qué ocurría en las fronteras en blancos y aborígenes?


Durante la segunda mitad del siglo XVIII, había vastas regiones de lo que sería la Argentina, que aún permanecían en poder de las poblaciones originarias, fuera de la jurisdicción de los colonizadores. Y las zonas fronterizas desarrollaron particulares formas de vida: aunque en ellas existían tiempos violentos, cuando estos pasaban, y se relajaban las tensiones, se convertían en espacios de interacción comercial entre las distintas culturas. Los fortines, más que lugares de separación, eran con frecuencia los ejes sobre los cuales se generaba el intercambio. Es que el comercio convenía a ambas sociedades y era intenso. La documentación de la época muestra que era habitual que pequeñas partidas de aborígenes llegaran a los poblados blancos a intercambiar sus mercaderías y que los mercaderes lo hicieran en las tolderías. Así, aquellos ofrecían cueros, artículos de talabartería, tejidos, plumas de avestruz y sal, y estos, objetos de hierro, telas livianas, azúcar y aguardiente. Las relaciones entre ambas sociedades adquirieron un carácter más aguerrido y conflictivo a medida que fue creciendo la competencia por las tierras y el ganado, especialmente, a partir de la década de 1820.
Patagones y aucas. Litografía de D’Orbigny y Lasalle.

¿Cómo eran las pulperías?


Eran el lugar de encuentro e intercambio por excelencia, no solamente par los criollos, sino también de indios y esclavos libertos. Además de ser almacenes de ramos generales, esos establecimientos tenían despacho de bebidas, donde los hombres se entretenían jugando a la taba, al sapo y a los naipes. Además, contaban con espacios destinados a las cuadreras, o carreras de caballo, a las riñas de gallos y al juego del pato. Allí, además, funcionaba el cambalache, el decir, el intercambio cotidiano de mercancías entre indios y blancos, del cual el pulpero obtenía no pocos beneficios.
 
Carlos Morel, Payada en una pulperia. Óleo sobre tela, Museo Nacional de Bellas Artes
 

¿Qué eran los saladeros?


Eran establecimientos donde se elaboraba el tasajo o charqui, es decir, trozos de carne secada y conservada con sal, con la que se alimentaban principalmente los esclavos. Esta técnica se utilizaba ya en la colonia, como forma de aprovechar algo más de los animales sacrificados, aunque cuando la sal se importaba de España, no era un proceso rentable. Luego de los episodios de Mayo, cuando ya se podía asegurar el abastecimiento de sal des las Salinas Grandes, las medidas de la Junta fomentaron la exportación de tasajo a las regiones que tenían mayoría de mano de obra esclava. Entonces, los ganaderos encontraron así nuevas posibilidades comerciales e industriales. Allí se instalaban mataderos y saladeros que, paulatinamente, fueron incorporando nuevas técnicas en la faena y el aprovechamiento de los animales. Los principales aportes en este sentido provinieron del químico francés Antonio Cambaceres, que se radicó en Buenos Aires en 1829 Las exportaciones pasaron de 87 mil quintales de tasajo, en 1822, a casi 180 mil, en 1837, y más de 500 mil, a mediados del siglo. La industria fue declinando en función del ocaso del mercado esclavista.

Carlos Enrique Pellegrini, el Saladero, aquarela

miércoles, 11 de abril de 2018

Historia de la Argentina (episodios)

Historia de la Argentina (episodios)


¿Quién fue la creadora de la bandera?


El 19 de febrero de 1812, Manuel Belgrano se asomó al pequeño poblado Villa del Rosario sin saber, por aquellos días, que estaría convirtiendo a ese sitio en la ciudad patriótica por excelencia. Dada la aceptación que tuvo su escarapela azul-celeste y blanca en el Triunvirato, decidió hacer una bandera representativa de la Provincias Unidas del Río de la Plata. Entonces, se acercó hasta la casa de su amigo Vicente Anastasio Echeverría, el único rosarino que estuvo en el Cabildo Abierto de 1810, para comentarle la idea. Allí se encontraba su hermana, María Catalina Echeverría de Vidal, quien no dudó en ofrecerse a confeccionar el símbolo patrio. Se cree que estaba compuesta por dos franjas: una blanca y otra celeste, sin otro agregado, cumpliendo así con el sueño de Belgrano.

Flameó por primera vez el 27 de febrero de 1812, a orillas del río Paraná. Más tarde, Catalina se mudaría a San Lorenzo, a una casa cercana al histórico Convento de San Carlos, donde descansan sus restos, desde el 18 de julio de 1866.

¿Cuál era el lugar que recibía a “mujeres en penitencia”?


La Casa de ejercicios Espirituales, inaugurada en 1799 en las actuales avenidas Independencia y Lima, que hoy es el edificio mejor conservado entre los más antiguos de Buenos Aires. En aquellos tiempos, tenía une función primaria: era el lugar donde iban a parar no sólo las hijas descarriadas, sino también las esposas, cuyos maridos las acusaban por cualquier motivo, desde infidelidad hasta problemas de convivencia.

 Allí mandaron a Mariquita Sánchez sus desesperados padres – en 1801 -, con la ilusión de que se le pasara la fiebre de amor hacia su primo Martín Thompson. Estéril esfuerzo. Tiempo después, el virrey Sobremonte aprobó el pedido de la damita en pos de su amor y reputación.

Fuerte de Buenos Aires, acuarela de Emerc Essex Vidal

Una de las esposas de los miembros de la Primera Junta estaba embarazada. ¿De quién se trataba?

Para el 25 de mayo de 1810, Saturnina Otárola, segunda mujer de Cornelio Saavedra, estaba embarazada de siete meses. La enemistad de su marido con Mariano Moreno se hizo extensiva entre esposas, tanto que no tardó en difundirse el mote de “gata flaca” impuesto por Guadalupe Cuenca de Moreno hacia la parturienta. La guerra estaba declarada. Sin embargo, hubo un hecho que desconcertó a los charlatanes de la época. El 15 de agosto nacía Mariano Saavedra. ¿El nombre del enemigo a un hijo? ¿Sus padres habrían enloquecido? Nada de eso. Es que ese día, el cristianismo celebra la Asunción de la Virgen María, y era común que al pequeño se lo bautizara con el nombre María o Mariano. No sabemos si les habrá gustado la idea, pero que la tradición fue cumplida, seguro.

¿Qué edificación se levantaba donde hoy está situada la Casa de gobierno?


Fue Juan de Caray quien echó los cimientos del primer Fuerte. Utilizado por las autoridades coloniales hasta 1810, y por los patriotas (salvo durante el gobierno de Rosas), el Fuerte de Don Juan Baltazar de Austria o real Fortaleza de San Juan sirvió para defensa de ataques de piratas y posibles invasiones portuguesas. Era un reducto de líneas simples, casi cuadrado, rodeado por una muralla de defensa, con cuatro bastiones y un foso inundable. En 1867, un par de incendios dejó el edificio en muy malas condiciones. Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1811-1888), intentaron remozarlo, rodeando de jardines y pintando su fachada de rosa, color que le dio la fama de Casa Rosada.

En 1882, Julio A. Roca (1843-1914) demolió la primitiva Casa y, con ésta, el último recuerdo del Fuerte. Allí mismo, sin embargo, mandó construir el definitivo Palacio del Gobierno (esquina de Balcarce y Rivadavia), de estructura similar al vecino Palacio de Correos. Ambos edificios se unieron en 1886 mediante el pórtico que actualmente es la entrada a la Casa Rosada. En 1941, fue declarada Monumento Histórico. Hoy, en su Museo pueden observarse algunos muros y una tronera que alguna vez supo ser del Fuerte.

Calle de la Catedral, acuarela de Carlos Enrique Pellegrini

¿En qué año se inició la construcción de la catedral de Buenos Aires?


Grietas, derrumbes, deterioros, falta de dinero signaron lo que también sería declarado Monumento Histórico, esta vez, en 1942. Desde que el obispo Fray Alonso Guerra inició la construcción de la primera capilla en 1585, cinco fueron las catedrales que nacieron, siempre en el mismo terreno. Varias de ellas terminaron, literalmente, desplomadas. A partir de 1770 se sucedieron sólo demoliciones parciales: las grietas en la cúpula hacían que la iglesia “llorara” por todas partes; más tarde, el pórtico no concordaba con las proporciones del edificio, ni las torres coincidían con el estilo del tempo. Finalmente, fue consagrada en 1804, por el último obispo de la era hispánica, Don Benito de Lué y Riega, quien le agregó el frontis y las torres. Frente a la Plaza de Mayo, en la calle Rivadavia esquina San Martín, nuestra hoy sólida Catedral Metropolitana conserva los restos del General don José de San Martín (1778 – 1850).


lunes, 9 de abril de 2018

Misceláneas de la Revolución argentina

Misceláneas de la Revolución argentina


¿Quién le ofreció un submarino a la Junta Grande?


Samuel William Taber tenía 30 años, provenía de una familia acomodada estadounidense y era muy creativo. Había llegado a Montevideo en diciembre de 1810 con aspiraciones de comerciante, pero la cause emancipadora lo hizo reflexionar. Él sería alguien muy útil del otro lado del Río de la Plata.

Consiguió una entrevista con miembros de la Junta Grande y allí mismo desplegó los planos de un submarino que había ideado y que serviría para atacar a la flota realista.

Era parecido a una tortuga marina, de madera, con un taladro en su proa para perforar el casco de los buques enemigos y colocarles explosivos. Taber se tenía fe, tanta que costeó los gastos del proyecto.

Con el diseño en marcha, viajó a Montevideo como espía para estudiar el poderío naval realista.

Acusado de sobornar a marinos españoles marchó preso. Lo liberaron dos meses después, y lo obligaron a volver a su país. Tarde para desechar sus ideales, bajó en Río de Janeiro y regresó ansioso para contar su plan a los miembros de la Junta: atacaría con su tortuga marina una fragata y un bergantín españoles usados como depósito de pólvora y amarrados en el puerto de Montevideo. Se trasladó a la Ensenada de Barragán con todo el equipamiento, ya que el bajo calado de las aguas del puerto de Buenos Aires hacía imposible sumergir el aparato.

Ensenada era el destino, pero las partes nunca llegaron. Antes cayó la Junta Grande, y a los miembros del Primer Triunvirato, la idea del ataque les pareció arriesgada. Taber murió en una estancia de Buenos Aires en 1813, y legó todos sus bienes a la Junta Revolucionaria. De los planos y las partes del submarino nada se sabe. Como si se los hubiera tragado el agua.

¿Quién fue Trinidad Guevara?


Fue la actriz más admirada del Río de la Plata a comienzos del siglo XIX. Nació en 1798 en Montevideo, donde debutó como actriz a los 13 años. A los 19, ya era la favorita del público porteños por sus actuaciones en el Coliseo. Sin embargo, por su condición de madre soltera debió enfrentar no pocos agravios. Y en 1821, fue protagonista de un episodio del que dio cuenta toda la ciudad el padre Francisco Castañeda publicó una nota en su periódico El Despertador Teofilantrópico Místico político, en la cual la tildó de “cloaca de vicios e inmundicias”, porque en una representación, la actriz llevaba en el cuello un camafeo con el retrato de su amante.

Aunque el clérigo omitió mencionar su nombre, todo Buenos Aires sabía que se trataba de un hombre casado, Manuel Bonifacio Gallardo, abogado, político y  dueño de un periódico. Ella respondió a la afrenta mediante un volante y, durante varios días, los entredichos continuaron. Éstos se acallaron cuando la actriz reapareció en el teatro, luego de una breve interrupción en su trabajo, y fue aclamada por el público.

¿Qué técnica marcó el progreso en las artes gráficas argentinas?


La litografía, desarrollada por Luis Senfelder en 1796. En la segunda década del siglo XIX, algunos litógrafos europeos instalaron en Buenos Aires sus talleres de impresión de grabados con este adelanto tecnológico. Entre ellos se destacaron el francés Juan Bautista Douville, que en 1827 reprodujo la efigie del almirante Guillermo Brown con tanto éxito que tuvo que hacer una segunda tirada, y el ginebrino César Hipólito Bacle, en cuyo taller llegaron a trabajar una treintena de operarios. La técnica de la litografía fue utilizada por numerosos pintores de la época, algunos de ellos de renombre como artistas de pincel.

Juan Facundo Quiroga en 1831, según una litografía de César Hipólito Bacle

  ¿Qué música clásica se interpretaba y se escuchaba?

 
En la última etapa colonial, en las tertulias se interpretaban partituras de autores clásicos de la época, como Haydn o Boccherini, - ejecutadas con clave o clavecín con acompañamiento de arpa, violín y flauta, y también valses y minués. Luego comenzó a utilizarse el piano y, a comienzos del siglo siguiente, el maestro de música se transformó en un personaje habitual en las familias pudientes, ya que las niñas estaban obligadas a saberlo interpretar, tuvieran o no vocación para ello.

En 1822 se creó la Escuela de Música y Canto de Juan Pedro Esnaola, entonces el más destacado compositor porteño. A sus clases, de costo de un cinco pesos por alumno, comenzaron a concurrir los jóvenes y las señoritas; ellas, a las 11 de la mañana y ellos, a los 5 de la tarde.

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