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jueves, 12 de abril de 2018

Anécodatas del siglo 19 en la Argentina

¿Qué es la manzana de las luces?


Se llama así a la manzana comprendida entre las calles Alsina, Moreno, Bolívar y Perú, de Buenos Aires. El nombre se usó por primera vez en un artículo aparecido en El Argos, el 1 de septiembre de 1821. Decía que esa era la manzana de las luces porque allí funcionaban las principales instituciones de irradiación cultural – y el artículo era crítico – que convendría también que el exterior correspondiese a la riqueza interior que contiene esta manzana.

Une breve recorrida por las circunstancias que allí tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XIX sirven para comprender que el título le correspondía: En ese espacio operaba la Imprenta de Niños Expósitos, en la que, en 1801, se imprimió el primer periódico de Buenos Aires, el Telégrafo mercantil. Allí se creó la Biblioteca pública, en 1811, y, el año siguiente, el Museo público.

En la década siguiente, el predio albergó a la Universidad de Buenos Aires y el archivo general de la Nación. También las artes tuvieron cabida, ya que allí funcionó la Academia de Dibujo, donde se formaron los precursores de la pintura argentina, y a fines de la década de 1820, fue el ámbito elegido para la primera exposición de arte de la ciudad.

¿Eran tan importantes los abanicos?

Junto con la mantilla con que se cubrían, eran el complemento infaltable del arreglo de cualquier dama porteña. En la época virreinal servían para compensar la sobriedad de la moda que llegaba de España.

Algunos se destacaban por la belleza de su diseño y la calidad de los materiales con que eran fabricados por eximios artesanos. Entre los que se conservan, se cuentan tres pertenecientes a Mariquita Sanchez que se pueden apreciar en la Quinta Los Ombués, la chacra de San-Isidro, propiedad de la dama entre 1812 y 1827, que hoy es museo (uno especialmente es muy bello – abanico de carey y plumas rojas).

Jardin botanico de Buenos Aires. Foto de Elena

¿Es cierto que Remedios de Escalada de San Martin era de baja estatura?

Sí, es cierto. Se observa su vestido que aún se conserva en el Museo histórico Saavedra de Buenos Aires. Se puede deducir que era una mujer bastante menuda, como otra porteña famosa Norma S.

En su libro, La Moda en la Argentina, la socióloga Susana Saulquin describe bien la prenda: El vestido es de linón bordado en punto beauavis, con trabajo de pequeñas lentejuelas doradas recamando el bordado; el escote es redondo y las mangas cortas tienen forma de globo.

De talle no demasiado alto parte una falda que reúne los frunces en la delantera y se ven claramente en el ruedo los pesos que les colocaban para que no se levantaran al caminar.

La autora especula con que el vestido debe haber sido confeccionado en una fecha cercana a la muerte de Remedios, en 1823, ya que, por esos años, el talle de los vestidos se fue bajando hasta ubicarse a la cintura a mediados de la década.

¿Quedan edificios de comienzos del siglo XIX en Buenos Aires? 

La más célebre es la casa mínima, llamada así porque tiene escasos dos metros y medio de frente.

Está en San Telmo (se encuentra en San Lorenzo 380) y es la vivienda más angosta de Buenos Aires.

Ce cree que fue construida en la primera década del siglo XIX. También se la conoce como “la casa del esclavo liberto, porque se decía que allí había vivido un esclavo de Urquiza, que al ser liberado luego de la Asamblea de 1813, recibió de su amo esa vivienda.

Pero hay que recordar que lo que se decretó en aquel momento fue la libertad de vientres, es decir que los hijos de esclavos nacidos desde entonces serían libertos al llegar a la adultez.

En realidad, según algunos estudios recientes realizados sobre el Catastro Beare, ese solar es un espacio residual de una casa que sufrió sucesivas reformas y divisiones. 

Sin embargo, la casa mínima no deja de tener su trascendencia, ya que, junto con las casa de Juan Bautista Elorriaga y de María Josefa Ezcurra – ambas ahora forman parte del Museo de la Ciudad – se la considera uno de los pocos exponentes de la arquitectura de la época revolucionara que aún se conserva

Argentina - Anécdotas históricas

Argentina - Anécdotas históricas


¿Se pensaba en la educación técnica y científica?


En los últimos años del siglo XVIII, las ideas de la Ilustración ya se conocían en el Río de la Plata y se comenzó a pensar en la educación técnica como el gran motor de las actividades productivas. El mayor impulsor fue Manuel Belgrano, para quien la matemática aplicada era el camino a la incipiente Revolución industrial que deslumbraba a Europa. Por esto, en 1799, promovió la creación de la Academia de Náutica, donde se enseñaría, según el reglamento redactado por él mismo, “Geometría rectilínea, y esférica; la Hidrografía, el Dibujo, y además podrá destinar el tiempo conveniente para enseñar la Álgebra, y su aplicación a la Aritmética, y Geometría: las secciones cónicas; el cálculo diferencial, e integral. Los principios generales de la Mecánica, y aplicación de ellos a las máquinas”.

Otro gran impulsor fue el deán Gregorio Funes, quien en 1807 elaboró un plan de reformas educativas para el Colegio de Montserrat, de Córdoba. Allí señaló la necesidad de enseñar Física aplicada para dar uso a una colección de “máquinas” (se supone que de vapor) que habían sido adquiridas años atrás y no podían utilizarse por falta de operadores capacitados

Martín J. de Altolaguirre aplicó en sus chacras procedimientos propios de la agricultura científica y montó un completo gabinete de física.

¿Cuándo se hizo la primera vacunación en el nuevo país?


En 1805 y con la vacuna antivariólica. Luego de que, en 1796, Edward Jenner realizara la primera aplicación de esta vacuna, su uso se extendió por gran parte de Europa, incluida España. Pero durante varios años, la población de América siguió siendo azotada por la temible viruela. En 1804, el Rey dispuso una expedición para que cubriera las necesidades de vacunación de las distintas colonias americanas. Sin embargo, antes de que la expedición sanitaria arribara al Río de la Plata, llegó a Rio de Janeiro, procedente de Río de Janeiro, la Fragata Rosa del Río, del traficante de esclavos Antonio Machado de Carvalho, con una reserva de vacunas en receptáculos de vidrio y esclavos negros que habían sido sucesivamente vacunados. Fue así como, desde la vecina orilla, trajeron a Buenos Aires, en 1805, una provisión de vacunas y dos jóvenes esclavos negros vacunados. El 24 de agosto se hizo la primera vacunación masiva y, luego, el doctor Cosme Argerich comenzó a vacunar gratuitamente a los más pobres en el Curato dl Socorro, mientras que las personas pudientes debían pagar entre uno y cuatro pesos. Antes de finalizar ese año, la vacuna había llegado a Córdoba, Salta, Mendoza y las misiones.

¿Cuál se considera el primer invento de la nueva nación?


Entre los documentos de la Junta de Gobierno de 1810 se encuentra una nota enviada por Miguel Colombise, un relojero holandés radicado en Buenos Aires, que pedía ayuda económica para desarrollar su invento: un sistema para gobernar el vuelo de un “aerostat” capaz de desplazarse, al menos, un cuarto de legua por minuto. Mencionaba que había hecho el mismo pedido al virrey Liniers, pero no había obtenido respuesta. No hay registro de por qué la idea no fue apoyada por Liniers, pero sí se sabe que el pedido a la Junta fue archivado con una inscripción que decía: “para calificarlo de la calidad de muy malo, no se necesita más prueba que la de que el señor Liniers despreció el proyecto”.

¿ Se hacían pronósticos meteorológicos?


No se hacían pronósticos, pero sí registros del estado del tiempo. La primera serie de observaciones, diarias y por casi dos meses, fueron publicadas en 1801, en el Telégrafo Mercantil. Se indicaba la temperatura ambiental, la presión, la humedad, el tipo e intensidad de los vientos, y el estado general de la atmósfera. A comienzos de 1806, en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio se publicaron los resultados de las observaciones meteorológicas que Pedro Cerviño, su editor, había llevado a cabo durante casi todo el año anterior. En ambos casos, la temperatura se daba según la escala de Réaumur.

¿Quiénes eran los Bethlemitas?


San José de Betancourt, fundador de la orden de los bethlemitas

Eran los religiosos pertenecientes a la orden Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem, creada en 1656 en Guatemala, que se dedicaban al cuidado de los enfermos. Llegaron a Buenos Aires en 1748 y se hicieron cargo del Hospital de San Martín de Tours. Más tarde, en un terreno que había sido de los jesuitas, instalaron el Hospital de la Residencia, donde se trasladaron hacia 1806. Otro lugar que también había sido de los jesuitas y fue asignado a los bethlemitas fue el que luego de llamó Lomas de la Convalencencia, destinado a enfermos incurables, locos y contagiosos. En ese predio, después se construyeron el Hospital Rawson y los neuropsiquiátricos Borda y Moyano. Los bethlemitas también se involucraron de las luchas por la independencia en varios países de Iberoamérica y, en Argentina, el prior José de las Ánimas participó en 1812, de la conspiración de Álzaga y fue ahorcado. La orden fue suprimida en 1820 y dejó de trabajar en los hospitales de Buenos Aires.

Hechos curiosos - Argentina en el siglo 19

Hechos curiosos - Argentina en el siglo 19


¿Cómo fue la guerra de los peinados?


El modo en el que se usaba el cabello pasó a ser una cuestión de estado en la Guerra de la Independencia. Un raro peinado nuevo se había difundido de Norte a Sur entre la población femenina, sembrando inquietud política. Es que en la Villa de la Concepción de Río Cuarto (Córdoba), la Revolución no terminaba de convencer a muchos.

Las mujeres, simpatizantes del régimen absolutista, mostraban un look que hoy podría tildarse de flogger: raya muy hacia la izquierda y mucho pelo del lado opuesto, lo que hacía que parte de la cara quedara cubierta. El gobernador de esta provincia, Javier Díaz, prohibió la moda en agosto de 1816 y aplicó una multa de 50 pesos a quien osara lucir el estilo realista.

Pero en Río Cuarto, las damas no se doblegaron. Allí asumiría, en el mes de marzo, José Eugenio Flores como Teniente comandante de frontera. En la primera reunión se dio cuenta de cómo las rayas dividían partidos. Mientras que las realistas la llevaban a la izquierda; las patriotas, la ubicaban a la derecha. Tuvo algunos escollos, pero, finalmente, Flores convenció al gobernador, Máximo Castro, de imponer con dureza la multa a las mujeres floggers y fue así como la moda retornó, bajo otra ideología y sin multas, un par de siglos más tarde.

¿La dominación española tuvo acta de defunción?


Sí. En plena Revolución de 1810, Tomás Javier Comensoro era el cura de la antigua parroquia de Soriano, en la Banda Oriental. Hombre de ideas claras y palabras acaloradas. Por lo menos, así se lo puede percibir en los registros de su parroquia. Sin amedrentarse por la futura sanción que llegaría de la propia autoridad eclesiástica, escribió a fines de mayo, en los mismos registros donde figuraban muertos y nacimientos, una particular Acta de Defunción: “El día 25 de este mes de Mayo, expiró en esta Provincia del Río de la Plata la tiránica jurisdicción de los virreyes, la dominación déspota de la Península Española y el escandaloso influjo de todos los españoles. Se sancionó en la capital de Buenos Aires, por el voto unánime de todas las corporaciones reunidas en el Cabildo Abierto, une Junta Superior independiente de la Península y de toda otra dominación extranjera, bajo el solo nombre de don Fernando VII. De este modo, se sacudió el insoportable yugo de la más injusta y arbitraria dominación”.

Guerra de los peinados, dibujo antiguo


¿A qué parte del Cabildo llamaban “el callejón de Ibáñez”?


Pascual Ibáñez era el dueño de unas tierras en la costa de Vicente López. Para ingresar el casco de su estancia era necesario recorrer un estrecho camino (actual calle Meloo) rodeado por altos matorrales.

El Callejón de Ibáñez terminó convirtiéndose en la geografía ideal para que los ladrones se escondieran y robasen dinero, joyas y ropa. Aquel estrecho camino inspiró a bautizar la Recova o galería del Cabildo con el nombre de Callejón de Ibáñez. El edificio, de once arcadas, era más largo que ahora. Por ese “callejón” céntrico circulaban abogados, escribanos y funcionarios. El porqué de esta asociación guarda, para algunos, cierta ironía.

¿Qué actividad organizó San Martín para recaudar fondos?


El Gran Capitán programó una corrida de toros en Mendoza, con el objeto de reunir dinero para financiar la expedición a Chile. Entre los soldados que se animaron aquel 25 de mayo de 1816 estaban el capitán Lucio N. Mansilla y Juan Galo de Lavalle, quienes se destacaron como banderilleros.

El capitán Juan O’Brien era el encargado de soltar a los animales. Isidoro Suárez los enlazaría con destreza. Juan Apóstol Martínez, guerrero de los combates de la Independencia, estuvo entre los más vitoreados. Saltó al ruedo montando un furioso toro al que mató de un puñal en el cuello, y permaneció de pie mientras el animal caía desplomado. El éxito fue tan grande que las corridas duraron seis días. San Martín se regodeaba. “Con estos hombres venceremos:, expresó a viva voz. No se equivocaba.

Historias argentinas

Historias argentinas


¿Cuáles han sido algunos de los acontecimientos que tuvieron como escenario a la plaza de Mayo?


La Plaza de Mayo fue escenario de la revolución que dio lugar al nacimiento de la nueva nación.

La Plaza se encuentra hoy donde estuvo siempre, sólo que ahora, a la zona se la conoce como microcentro. La Plaza sufrió achiques y agrandamientos, pero siempre fue la principal contención de la vida ciudadana. En 1803, comenzó la construcción de la Recova, edificio responsable de dividir a la Plaza en mitades iguales. Frente al Cabildo estaba la Plaza Grande, llamada de la Victoria después de las invasiones inglesas. La otra, frente a la Casa de Gobierno, se llamó Plaza del Fuerte y de Armas, y también la Plaza del Mercado… Y más tarde, Plaza 25 de Mayo, nombre que quedó desde que Alvear demolió la Recova, en 1884. Los hechos más trascendentes de la Historia Argentina han transitado por estas esquinas. Allí culminaron la Reconquista y la Defensa de la ciudad, frente a los ingleses, en 1806 y 1807. También se convirtió en el escenario de la Revolución de Mayo de 1810, donde el pueblo de Buenos Aires juró la Independencia de la Patria en 1816 y de la Constitución Nacional, en 1860.

¿A qué se conoció como el hueco de las ánimas y dónde estaría hoy?


El espacio que actualmente ocupa el Banco Nación, esto es, la esquina de 25 de Mayo y Rivadavia, es una porción de tierra cargada de anécdotas. Podríamos decir que fue el terreno de los “primeros”: primera iglesia fundada por Juan de Garay (1527-1583), primer cementerio y primer baldío de la ciudad, conocido como hueco de las Ánimas. Más tarde, se convirtió en los subsuelos del primer Teatro Colón, donde se almacenaban toneladas de hielo (de allí salieron los primeros helados, en 1856). El primer piso, mientras tanto, se convirtió en la sede de la masonería. En ese mismo lugar, se levantó el Hotel Argentino, el mejor de la época y que pasó al recuerdo por haber tenido entre sus huéspedes al escritor José Hernández, quién terminó de escribir, allí mismo, la primera parte del poema nacional El gaucho Martín Fierro, en el año 1872. Lo que se conoció como el Hueco está ocupado hoy por la Caja del Tesoro Nacional del Banco de la Nación.

¿Dónde estaba ubicado el primer teatro Colón?


El primer teatro Colón fue erigido en la manzana que ocupa en la actualidad el Banco Nación, frente a la Plaza de Mayo, funcionó entre 1857 y 1888. Tenía intenciones de llamarse Coliseo Grande y su construcción, iniciada en 1804, también se vio dilatada por acontecimientos varios: segunda invasión inglesa (1807), muerte del arquitecto, un incendio y disenso político. Sin llegar a ser lo que debía, hizo las veces de cuartel de “candeleros” encargados de encender los faroles de la ciudad. Fue el ingeniero Carlos Pellegrini quien le dio el nombre de Teatro Cristóbal Colón. Tenía capacidad para 2.500 personas y 470 asientos de caoba. Fue abierto al público el 24 de abril de 1857 con la ópera La Traviata. Pero las condiciones de seguridad no eran las mejores y la falta de ventilación, el peligro de incendio y las malas condiciones sanitarias hicieron que, en 1888, las puertas se cerraron definitivamente. En la actual manzana compuesta por las calles Viamonte, Cerrito, Tucumán y Libertad, el Colón que conocemos hoy se reinauguraría el 25 de mayo de 1908 con la ópera Aída.

Cazuela del Teatro Colón, acuarela de Juan León Pallière

 ¿En qué se inspiró de Santa Coloma, el escritor del Monumento a Belgrano?


Apenas existían cuatro monumentos en Buenos Aires cuando se decidió llevar a cabo el correspondiente a Manuel Belgrano (1770-1820). Para eso se nombraron a dos escultores radicados en París: Albert Carrier Blleuse, un francés que se encargó de la figura del prócer, y el argentino Manuel de Santa Coloma, un exquisito escultor de fornidos caballos. Lo curioso es que la verdad sea dicha, se trataba de un argentino virtual. Es que Santa Coloma quien había nacido en Burdeos en 1826, adoptó la ciudadanía de nuestro país por tener un padre oriundo de estos pagos y nada más. No se conoce registro de su estadía en suelo porteño. Por ende, lo que ni vio lo imaginó. Y fue así como creó un magnífico corcel griego muy del estilo neoclásico de aquel tiempo, pero que poco y nada tenía que ver con los caballos criollos que montabas Belgrano en su época militar. La estatua ecuestre se inauguró en septiembre de 1873. Estaba unos 15 metros más al centre de la Plaza de Mayo y con su dedo, el General apuntaba hacia el Cabildo. Más tarde, la acercaron a la Casa Rosada y la giraron noventa grados. No será el reflejo del caballo criollo, pero sí el símbolo de una ecléctica Buenos Aires

Recurdos historicas

Recurdos historicas argentinos


¿Cómo vieron los pintores extranjeros la época?


Fueron los pintores extranjeros quienes, principalmente, reflejaron la sociedad argentina y los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XIX. Aunque también hubo expresiones artísticas locales respecto de esta época, éstas estaban marcadas por la influencia de la ilustración imperante en Europa y, como forma de contrarrestar la influencia hispánica, dejaban a un lado la temática religiosa para dar paso a las escenas de costumbres.

Por eso vale la pena conocer, aunque sea superficialmente, la obra de estos viajeros. Emeric Essex Vidal fue un marino y acuarelista inglés que visitó Buenos Aires en 1816 y regresó en 1829, para recorrer, también, parte del país. Sus obras son un registro notable en lo relativo al ambiente e indumentaria de aquel momento.

Por esos años llegó a Buenos Aires, el ingeniero, arquitecto, retratista y litógrafo francés Carlos Enrique Pellegrini, contratado para hacerse cargo de varias obras públicas.

Al margen de estos trabajos, desplegó un gran talento de dibujante y pintor, y, además de convertirse en el retratista de moda de la década de 1830, pintó, con minuciosidad, lugares y escenas de la ciudad y el campo. Fue el padre de Carlos Enrique José Pellegrini, Presidente de la República argentina en 1890.

Otros artistas europeos que mostraron la cultura argentina fueron el naturalista y excelente dibujante y pintor francés Alcides Dessalines d’Orbigny; Mariano Rugendas, austríaco, que legó a la sociedad más de tres mil obras de sus viajes; el francés Juan Felipe Goulu y el suco José Guth.

¿Quiénes fueron los principales naturalistas?


El naturalista criollo más distinguido de la época fue, sin dudas, el presbítero uruguayo Dámaso Larrañaga, quien realizó sus estudios en Buenos Aires y Córdoba, y luego de eso mantuvo estrecha relación con otros dos grandes investigadores de la naturaleza, también clérigos: Bartolomé Muñoz, un español primo de Tomás Guido que se encontraba en el Río de la Plata durante los sucesos de 1810 y, desde entonces, abrazó la causa revolucionaria, y Saturnino Segurola, autor de numerosos textos sobre el tema.

Hubo otro trío de naturalistas destacables, viajeros europeos que,  casi en forma sucesiva, recorrieron el territorio argentino y realizaron importantes observaciones: el español Félix de Azara, que permaneció más de dos décadas, el austrohúngaro Tadeo Henke, integrante de la expedición de Alejandro Malaespina, en 1789, y Amadeo Bonpland, que llegó al Río de la Plata en 1817.


El capitán de navio Félix de Azara, retratado por Francisco de Goya

¿Había algún museo de ciencias?


En 1812, el Primer Triunvirato invitó a las provincias a que hicieran acopio de material de los reinos mineral, vegetal y animal de cada región para fundar un museo que los reuniera y conservara. La convocatoria, de una clara concepción centralista, no tuvo aceptación en las provincias y sólo en 1814, llegó la primera donación, por parte des presbítero Bartolomé Muñoz. Se trataba de una colección de crustáceos, muestras minerales, instrumental y una gran cantidad de ilustraciones de fauna y flora autóctona. Los objetos permanecieron en la Biblioteca Pública hasta 1826, cuando el Museo Público – antecedente del actual Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia - tuvo espacio propio en las celdas altas del convento de Santo Domingo.

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